Maria Jose Alvarez ,Iris Camila Gonzalez; Valentina Artunduaga,Carolina Rodriguez 10-2
TEMA4 : MODELOS DE DESARROLLO DE LA GUERRA FRIA
TEMA4 : MODELOS DE DESARROLLO DE LA GUERRA FRIA
GUERRA FRÍA (1945-1990)
El incremento de la
lucha ideológica entre las superpotencias desarrolló una nueva pugna entre dos
bloques: la comunidad del Atlántico –integrada por EEUU y los países de Europa
Occidental- y la URSS y los Estados europeos orientales. Cuando en 1949 se estableció
la República Popular China, el enfrentamiento se hizo mundial
LOS ORÍGENES DE LA GUERRA FRÍA
La Segunda Guerra Mundial abrió paso a un nuevo esquema
de relacionamiento internacional que
puede caracterizarse por:
La bipolaridad y el hundimiento del poderío europeo
tradicional.
La hegemonía de dos nuevas superpotencias: EEUU y la URSS.
La intensificación de los procesos de descolonización.
La creación de un nuevo organismo de arbitraje
internacional: la ONU.
LA BIPOLARIDAD Y EL HUNDIMIENTO DE EUROPA
El mundo que emergió de la Segunda Guerra Mundial estaba
profundamente dividido en dos campos, que fueron intensificando sus diferencias
como consecuencia del antagonismo en sus estructuras económico-sociales.
El antiguo sistema de equilibró multilateral, cuyo centro
era Europa, había sido sustituido por un sistema bilateral de dos
superpotencias extraeuropeas: Estados
Unidos y la Unión Soviética.
Ellas superaron en poderío económico, militar, científico y
técnico a las demás naciones del planeta estableciendo una bipolaridad que
permite explicar, en buena medida, la marcha de los acontecimientos mundiales
hasta 1990. Las potencias occidentales de Europa, debilitadas por la Primera
Guerra y los sucesos de entreguerras, recibieron, con la Segunda Guerra, el
golpe de gracia que la desplazó del lugar de privilegio que monopolizaban desde
hacía un cuarto de siglo, En el marco de esta realidad, el espacio europeo
quedó dividido en dos: el occidental y el oriental.
El bloque de Europa Oriental, por su parte, lo constituyó el
espacio ocupado por las naciones que se volcaron, voluntariamente o por la
fuerza, al socialismo soviético.
LAS SUPERPOTENCIAS: EE.UU. Y LA URSS EEUU.
Con su territorio intacto y su productividad
industrial enormemente aumentada, fue la principal fuente para la reconstrucción
de las maltrechas economías de Europa.
A sus aliados ofreció grandes cantidades de dinero,
materiales excedentes de guerra y ayuda técnica. Como único ocupante de Japón y
una de las cuatro potencias ocupantes de Alemania, también volcó dinero y
esfuerzos en la rehabilitación de sus enemigos, estimulando su resurgimiento.
La ayuda económica que prestó estaba íntimamente ligada a la
lucha ideológica que se planteaba con el campo socialista: no asistir a los
países perjudicados por la guerra podía significar la pérdida de sus fidelidad.
El 12 de marzo de 1947, el presidente estadounidense Harry
Truman proclamó formalmente su posición frente a la URSS y sus aliados. En su
doctrina, el primer mandatario presentó este enfrentamiento como un combate
ideológico entre la libertad y el totalitarismo; por tanto, toda acción
intervencionista en el mundo que atendiera esta realidad estaba plenamente
justificada.
En este marco, el secretario de Estado George Marshall
anunció un plan de ayuda (el Plan Marshall) a los países europeos, hasta que
afianzaran su reconstrucción económica y
social. Los objetivos del programa eran brindar ayuda económica y técnica
promoviendo la producción industrial y agrícola, afianzando la solidez financiera
y monetaria de los países, y estimulando el desarrollo del comercio
internacional de los participantes entre sí y con otras naciones, Su mayor
virtud residía en que por medio de él se podía sostener el superávit de las
exportaciones norteamericanas y al mismo tiempo fortalecer las economías de las
naciones prooccidentales, disipando el peligro de una atracción del bloque
socialista. Entre 1948 y 1952 el plan aportó casi 17.000 millones de dólares a
un total de 16 países, de los cuales 9.000 millones fueron donaciones. El Plan
Marshall, que en realidad volcó menos capitales de los que inicialmente había
prometido, constituyó un factor fundamental en la recuperación europea,
cimentando un régimen de intercambio e interdependencia que también favoreció
la expansión norteamericana en el plano económico y una mayor presencia en el
plano político y militar.

La URSS. Ejerció una gran influencia en Europa Oriental,
Presionó a los países de su esfera para que rechazaran la ayuda ofrecida,
acusando al Plan de tener escondidas intenciones imperialistas. Brindó, no
obstante, su apoyo, en base a la adopción de los lineamientos de planificación
y colectivización de la economía soviética.
Uno tras otro, los países lindantes con la Unión Soviética,
que habían sido liberados de los nazis con al ayuda del “ejercito rojo”, adoptaron gobiernos de
coalición dirigidos por los comunistas, quienes establecieron, a partir de
1948, regímenes denominados “democracias populares”.
Tras un período de pluralismo político en el que se
realizaron elecciones parlamentarias libres, se procedió a eliminar a la
oposición e instrumentar el control de los partidos comunistas sobre sus
aliados frentepopulistas. Estos cambios fueron acompañados de la
nacionalización de los principales recursos económicos y de la elaboración de
los primeros planes a corto plazo.
En el plano interno, el régimen soviético fue adquiriendo
características cada vez más
autoritarias, consolidándose el culto a la personalidad de Stalin. Convertido
en el conductor de la revolución mundial y en la esperanza de millones de seres
humanos.
El centralismo democrático del estalinismo se aplicó
haciendo hincapié en el primer término (el centralismo) y desconociendo
totalmente el segundo (la democracia). Los órganos electores y de consulta del
Partido Comunista dejaron de reunirse y de ser oídos, Stalin y sus
colaboradores pasaron a controlar toda la estructura del Estado y la sociedad.
Cualquier oposición era censurada y se practicaron las purgas periódicas y las
deportaciones a los campos de prisioneros de Siberia. Recientes investigaciones
afirman que entre 3 y 10 millones de personas pasaron por los campos de
trabajo, en los que se recluía no solo a los enemigos del socialismo sino
también a los revolucionarios y patriotas que se oponían a las desviaciones del
régimen.
Estos aspectos, y el infranqueable cerco puesto a la
oposición y a los disidentes, no hicieron mella a la enorme popularidad de José
Stalin, que se mantuvo en el poder hasta su muerte en 1953.
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